«En Colombia se da la costumbre de echarle la culpa al muerto de su propia muerte»: Juan Miguel Álvarez, el autor de “La guerra que perdimos”
Tomado de: bbc.com
Cada conflicto tiene su cronista. El de Colombia, que ha sido complejo y se ha extendido en el tiempo de maneras inexplicables, podría tener el suyo en Juan Miguel Álvarez.
Nacido en Pereira, una ciudad del corazón del eje cafetero colombiano, Álvarez ha comprendido desde sus inicios en el periodismo que los relatos están en las víctimas.
Sin embargo, en los últimos años se ha dedicado a recorrer el país para entrevistarlas no solo a ellas, sino también a los victimarios de una confrontación que dejó más de nueve millones de personas afectadas en las últimas seis décadas.
En ese recorrido, que lo ha llevado desde los entramados selváticos del Chocó hasta las lejanías amazónicas, Álvarez se ha encontrado con personajes que le han narrado la difícil misión de sobrevivir y que él ha plasmado en su libro «La guerra que perdimos», que lo hizo merecedor del premio Anagrama de crónica de 2021.
Hay una fraseen la crónica «Ellos no lo van a saber» que dice «Llorar me hace bien». Tras estos años de reportería, ¿cómo podrías definir cuánto ha llorado Colombia y de qué manera?
Pues no sabría cuantificar, pero lo que te puedo decir es que no ha llorado lo suficiente. Colombia no ha podido hacer el luto de ninguna de sus violencias.
Cuando alguien en Colombia, o el país en general, está haciendo el duelo, viene otra violencia y acaba con todo. Entonces toca pasar la página, volver a empezar para salvar el pellejo, pero el dolor sigue ahí, sin procesar.
Y digo que no ha llorado lo suficiente porque no ha podido expresar todo su dolor como lo hacen otras sociedades, con mecanismos que van desde el arte hasta la participación política, pasando por la consolidación de conocimiento.
Cuando Colombia llore lo suficiente, probablemente será un país más pacífico.
Y lo digo porque creo que la idea de la venganza se desvanecería un poco en la mayoría de las personas. La guerra en Colombia en buena medida ha sido estimulada por la venganza y la venganza sólo existe en la medida en que no se puede hacer un duelo.
Hablas de la venganza como una causa de este conflicto, pero no es la única razón por la que los colombianos se estuvieron matando durante 60 años.
No es la única, por supuesto. La Comisión de la Verdad respondió esa pregunta de una forma categórica, que, en mi experiencia, está muy cerca de reflejar lo que ocurrió.
Hay unas causas del conflicto que quedan claras, por ejemplo, la desviación ideológica de un sector amplísimo de la fuerza pública, por la que comenzaron a ver enemigos por todos lados: el ciudadano de a pie es un enemigo y ahí se genera un montón de violencia.
Otra es la prolongación de la vida de los grupos armados ilegales. Guerrilleros y paramilitares. O sea, duraron mucho tiempo gracias a la financiación de otro factor, el narcotráfico. Eso ayudó mucho a prolongar el conflicto en el tiempo, esa incapacidad de vencerlos o de desmovilizarlos.
Y hay un tercer factor que tiene que ver con la falta de justicia estatal. En la medida en que un Estado no garantice la justicia a la ciudadanía, pues la ciudadanía va tomando o haciendo justicia a mano propia.
Ahí creo, y se nota en los relatos del libro, radica el fondo de todo lo que ocurrió.

